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lunes, 11 de marzo de 2013

NADAB, ABIÚ Y LA PROFANACIÓN



Pbro. Moisés Brito Valeras
Levítico 10: 1 – 11

1Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario y, poniendo en ellos fuego e incienso, ofrecieron ante el Señor un fuego que no tenían por qué ofrecer, pues él no se lo había mandado. Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los consumió, y murieron ante él. Moisés le dijo a Aarón: «De esto hablaba el Señor cuando dijo: “Entre los que se acercan a mí manifestaré mi santidad, y ante todo el pueblo manifestaré mi gloria.” Y Aarón guardó silencio.
Moisés mandó llamar a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: «Vengan acá y retiren del santuario a sus hermanos. ¡Sáquenlos del campamento!» Ellos se acercaron y, tomándolos por las túnicas, se los llevaron fuera del campamento, tal como Moisés lo había ordenado.

Ley sobre el duelo sacerdotal

Luego Moisés les dijo a Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar: «No anden ustedes con el pelo despeinado, ni se rasguen los vestidos. Así no morirán ustedes ni se irritará el Señor contra toda la comunidad. Sus hermanos israelitas harán duelo por el incendio que produjo el Señor, pero ustedes no vayan a salir de la Tienda de reunión, no sea que mueran, porque el aceite de la unción del Señor está sobre ustedes.» Y ellos hicieron lo que Moisés les dijo.

Ley sobre el culto y el licor

El Señor le dijo a Aarón: «Ni tú ni tus hijos deben beber vino ni licor cuando entren en la Tienda de reunión, pues de lo contrario morirán. Éste es un estatuto perpetuo para tus descendientes, 10 para que puedan distinguir entre lo santo y lo profano, y entre lo puro y lo impuro, 11 y puedan también enseñar a los israelitas todos los estatutos que el Señor les ha dado a conocer por medio de Moisés.»

1.  El Juicio. Lv. 10: 1 – 3

A primera vista nos deja sin aliento el caso de Nadab y Abiú. Nos parece una injusticia que dos novatos entren para adorar al tabernáculo y mientras experimentan en su ministerio sean fulminados instantáneamente.
   Aarón no era cualquier israelita. Era el constituyente del Sacerdocio en Israel. El padre de todos los sacerdotes que vendrían. Esperaríamos ciertas consideraciones para sus hijos. Aarón está entre los grandes (Sal. 99:6).
   Sus hijos no hicieron lo mismo que hicieron los hijos de Elí. No practicaron el robo, la idolatría, la inmoralidad o la hechicería. Solo ofrecieron un fuego que Dios no les pidió. No ofrecieron una doncella para el sacrificio. No metieron un ídolo al lugar santísimo.
   Actualmente han introducido elementos muy extraños a la liturgia. La risa santa, la borrachera santa, del salterio han pasado al salterío, tocar el manto sagrado, el teatro de vestirse todos de militares, el show de liberaciones demoniacas, etc.
   ¿Cómo debemos interpretar este hecho? Moisés dice que el juicio de Dios manifiesta su santidad y su gloria.

2.  La ley. Éx. 30:9,10 y 19:22

Los sacerdotes recién graduados estaban mejor capacitados para desarrollar su ministerio, porque su mente tenía fresca la enseñanza de la ley.
    Contaban con su manual y la asesoría de su padre. No estaban solos. Había instrucciones detalladas para la presentación de las diversas ofrendas que Dios requería.
    Nunca la adoración ha sido dejada al capricho, al gusto y la fantasía del hombre. La liturgia no es una antología de las aportaciones que los hombres hayan ideado para agradar a Dios. Dios ha dejado los elementos específicos que podrán usarse para adorarlo. Su ley es el Manual de Procedimientos para la adoración.
    Para dirigir, participar, y elaborar los ritos de adoración, tenemos que ser instruidos, entrenados,  supervisados, y advertidos, para no cometer errores que provoquen el desagrado de Dios.
    Nadab y Abiú habían sido llamados, apartados y capacitados para su ministerio. Vieron a su padre manejar los sacrificios y las ofrendas. Pero ellos decidieron jugar con el fuego, desafiar a Dios y profanaron la adoración a Dios.
    Dios tiene que recordarle a su pueblo que el altar del incienso es “MUY SANTO”. Dios había sido muy claro sobre el desafío a la santidad de Dios. A Moisés y a Aarón tenía que dolerles más la profanación que la vida de los muchachos. Tenían que guardar la reverencia ante este Dios de amor y justicia, de perdón y juicio.

3.  La lección. Ro. 3:19; Fil. 2:10,11; Gn. 18:25.

Todo pecado merece la muerte, pero Dios en su gracia extiende su misericordia para que los pecadores vivan. Él no quiere la muerte del impío, sino que proceda al arrepentimiento. Pero cuando sus hijos son obstinados, o rebeldes, puede ejecutar su juicio de manera inmediata.
   El pecado en cualquier creyente merece una disciplina, pero más en los que están al frente para dirigir la adoración, ¿por qué? Por qué el daño que causa su mal ejemplo es más grande que el daño que produce el creyente regular.
  En realidad la disciplina eclesiástica la deberíamos desear, no desechar, porque es la forma en que Dios nos protege para no desenfrenarnos y caer en el libertinaje y condenarnos.
   Aarón guardó silencio. Hay muchas cosas que podría haber dicho: preguntas, quejas, reclamos. Pero calló, silenciando su naturaleza pecaminosa. Así será en el juicio final, toda rodilla se doblará ante Cristo, el Juez. Las bocas se cerrarán.
   La Biblia nos invita a participar activamente en el culto congregacional, y para ello nos ha ungido con su Espíritu, nos ha equipado con los dones necesarios, nos ha instruido en su Palabra y ha puesto pastores y maestros que nos capaciten. Participe con gozo, libertad, espontaneidad, pero recuerde, debe estar seguro de hacerlo de acuerdo al estricto apego a la Palabra de Dios, porque Dios es Santo.

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