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lunes, 11 de marzo de 2013

HE PELEADO LA BUENA BATALLA

Nelson Cardona Carvajal

2 Timoteo 4: 5 – 8

Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio. Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.

"Somos un ejemplo para el mundo entero y damos testimonio de que los sueños pueden hacerse realidad, que no importan las diferencias cuando se construye en torno a lo que nos une, por eso los ojos del mundo están sobre nosotros, porque no son las caídas lo que hace fracasar a un hombre, sino la incapacidad para levantarse y continuar." Estas palabras fueron escritas por Nelson Cardona Carvajal, cuando en mayo de 2010 el primer discapacitado, sin una pierna y sin oxígeno suplementario, conquistara el Everest, ese era él. 
    Pablo escribe desde la cima de la montaña. Desde ahí mira a Timoteo, que lo sigue, evalúa su pasado, su presente y su futuro. Su óptica nos sirve como catalejo para ubicarnos en nuestra propia cima y evaluar nuestra vida. Seguiremos el sugestivo acróstico F. I. E. L.

1.  F órjate con fe como ministro. V.5
   En toda la carta a Timoteo el apóstol hace un contraste entre Timoteo y la voluble multitud. La multitud está perdida y Timoteo es un guerrero de Cristo. Por otro lado, Timoteo está en la batalla y Pablo ya la ha terminado. El veterano apóstol está a punto de abandonar el campo de batalla y anima al novato ministro a llenarse de coraje para ocupar su lugar.
   Como ministro, Timoteo ha sido un fiel testigo del ministerio de Pablo; ha seguido su ejemplo, su doctrina y sus sufrimientos (3:10,11). Pablo lo anima a forjarse un carácter sobrio, firme, estable, activo y responsable. Sin ambiciones materialistas y sin desvíos de la verdad.
   Forjar significa dar forma al metal caliente por medio de golpes. Como se forjaban las armas y las herramientas de trabajo en la antigüedad. Un ministerio se forja en medio del fuego, del sufrimiento y la persecución.
2.  I nterpreta con fe tu presente. V.6
   Necesitamos los ojos de la fe para interpretar correctamente nuestro presente. Pablo estaba en la cárcel, injustamente detenido, sufriendo por hacer lo bueno, y posiblemente moriría condenado por el gobierno romano. Pero él aparta sus ojos de la superficie de las cosas, y centra su mirada en las realidades espirituales.
   Explica su situación en términos de una ceremonia de adoración a Dios. El adorador, después de entregar su ofrenda en el altar, cerraba con broche de oro derramando cuatro litros de vino sobre la ofrenda. La vida del apóstol se derramaba en adoración a Dios.
   La última gota de su vida representaba el movimiento de un barco que leva anclas al zarpar a un nuevo destino. Pablo no moría, estaba por partir a la ciudad celestial, a la presencia de Cristo, su Señor.
   La gente puede interpretar su situación en términos mundanos, pero usted que conoce las realidades espirituales, y sabe lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará por usted, y lo que usted hace para Él. 

3.  E valúa con fe tu pasado. V.7
   Cualquier que sea tu pasado, debes verlo desde la perspectiva de Dios. El mundo que envolvía al apóstol podía juzgarlo como necio, loco o tonto. “Vean lo que hizo y cómo terminó”. Pero para los que conocen la realidad de Dios, de la vida eterna, del  maligno y el infierno, sabemos que la vida no se reduce a cosas temporales y materiales.
   La vida es una carrera cuya meta es Cristo; es una batalla cuya victoria consiste en derrotar a Satanás; es una mayordomía que tiene como tarea guardar el tesoro que Dios nos ha confiado. Entre esos tesoros está la fe.
   Cualquiera que lea la vida del apóstol, se dará cuenta que no se está jactando de sus logros, sino de la gracia de Dios con él. Su énfasis no está en él, sino en la carrera a la que fue llamado, en la batalla en la que fue involucrado y en la fe que recibió como un don.
   Nuestra frustración viene al buscar la eternidad en lo temporal, la vida del cielo en la tierra, la inmortalidad de lo vanal.
   Los cristianos nacimos de nuevo para pelear, para correr y para cuidar. Preparándonos para la recompensa final.
4.  L evanta tus ojos con esperanza. V.8
   Cuando estamos en la cumbre podemos tener una vista panorámica del camino que recorrimos y del destino que nos espera. Juan Bunyan describe al cristiano en su accidentado peregrinaje hacia la ciudad celestial motivado al tener una visión de la Nueva Jerusalén.
   Pablo no está deprimido preguntándose dónde lo van a sepultar y quienes lo van a llorar. Su corazón está lleno de satisfacción, confianza y esperanza de lo mejor.
   Dios, con su poder y fidelidad, le ha reservado con seguridad la corona de vencedor. Corona que con derecho le pertenece por la gracia de Dios y por su fe en Cristo. Dios le ha dado la gracia de resistir y perseverar hasta el final.
   La luz se aprecia mejor en medio de la más densa oscuridad. Pablo, al ver de frente la muerte, puede apreciar la gloria de la bendita esperanza cristiana.
   El futuro siempre tiene lo mejor para el creyente; el fragor de la batalla, el esfuerzo de la carrera, el fin de la administración, le tiene una recompensa por delante. Dios reserva esa recompensa para su siervo fiel.
Pbro. Moisés Brito Valeras

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