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jueves, 27 de agosto de 2015

JESÚS, LA ESPERANZA DE GLORIA

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
1 Juan 3:1-3
   Cristo viviendo en nosotros es la garantía de que la gloria de Dios es nuestro destino final.
1.     EL JUSTO CON LOS INJUSTOS.
  ¡Qué difícil me es compartir tiempo con personas con las cuales no comparto su modo de pensar! Sean personas incrédulas o creyentes, aborrecibles o pusilánimes, delincuentes o pastores.
   ¿No te sorprende que Cristo haya decidido voluntariamente convivir con pecadores para salvarnos? Siendo justo, perfectamente justo, aceptó vivir con injustos, para llevarnos a Dios.
   Nosotros preferimos a los amigos; él prefirió a los enemigos, para salvarnos.
2.     EL CREADOR PARA LAS CRIATURAS.
  Para ayudar a la gente, nosotros preferimos descolgar un lazo, lanzar un salvavidas, proveer de un manual o darles una cantidad de dinero. Pero Cristo se ofreció a sí mismo para salvarnos.
   ¿Por qué no hay calcomanías que digan “Buda salva”, "Marx salva”, “Sócrates salva”? En cambio Jesús no tuvo pena en decir “YO SOY EL CAMINO.”
   El Creador se hizo criatura, se entregó en manos de criaturas pecadoras, malvadas, asesinas, para la salvación de las mismas.
3.     LA IMAGEN Y SUS DISTORSIONES
Un hombre pintó un hermoso cielo azul cortado por maravillosas montañas, cuando de pronto apareció su esposa y manchó violentamente el cuadro con alocados brochazos. El pintor volvió a pintar sobre las manchas y las atenuó formando troncos de árboles en el fondo de un hermoso jardín. Luego prendió una lámpara tras el cuadro y apareció una mano sosteniendo aquel paraíso. El "accidente" había sido planeado para mostrar la sorpresa de cómo las "distorsiones" violentas pueden resolverse para bien por el pintor..
 Jesús es la imagen de Dios y nosotros las distorsiones. Jesús es la imagen que fue destrozada por el hombre para luego restaurar la imagen de Dios en nosotros al mostrarnos su gloria.
4.    EL QUE AMA Y EL QUE QUIERE

   De haber nosotros
 inventado a Dios sería muy diferente al Dios de la Biblia. Nos duelen los desafíos extremos que Cristo nos hace en el sermón del monte. Pero al ver su ejemplo no podemos debatirle.
   Él nos da a conocer a un Dios que nos busca, que nos perdona, que nos pide cosas, que llora, que convive con los marginados.
   Cristo es el que ama, usted es el que "lo quiere", pero no lo ama. Él nos ama, nosotros, al igual que Pedro, lo “queremos”, y a veces, no tanto.

5.    EL HOMBRE Y SUS SEMEJANTES
  "La encarnación muestra al hombre la grandeza de su desgracia por medio de la grandeza del remedio que necesitaba” (pascal). Jesús no solo revela la gloria del Padre, sino la gloria del hombre que se perdió a causa del pecado. Él es lo que nosotros debiéramos ser; y nos debería avergonzar que Dios tenga que sacrificar al modelo del ser humano por culpa de nuestra ingrata desobediencia.
   Adán fue hecho a semejanza de Dios, pero a causa del pecado Dios se hizo semejante al hombre para salvarnos y volvernos a hacer a su imagen.

6.    EL SANADOR Y SU HERIDA
   La Santa Cena se instituyó para que siempre recordemos un hecho: “Él fue herido por nuestras transgresiones”. Escuche bien: 
  ÉL 
      fue HERIDO 
          por NUESTRAS 
              transgresiones.
  Piense en eso: 
    Dios menospreciado, 
      Dios herido, 
        Dios crucificado, 
          Dios sepultado. 
El Sanador, el que resucita muertos, fue herido y llevó todas nuestras enfermedades, con un solo propósito: “¡gracias a sus heridas fuimos sanados!"
 Jesús se levantó de la tumba, resucitó de entre los muertos y nos dio una bendita esperanza: seremos como él.


Pbro. Moisés Brito Valeras

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