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martes, 2 de abril de 2013

JESÚS PURIFICA EL TEMPLO



Lectura: Marcos 11

1.  LA PRESENTACIÓN DEL REY. 1 -11
a) Jesús cumple la profecía. Toda la obra milagrosa del mesías se ve coronada con su presentación oficial en la ciudad del Rey. Envía a su comitiva para disponer del burrito como Señor de la ciudad. El acto de subirse al asnillo es una declaración pública de su oficio como Rey de Israel. Cumple la profecía de Zac. 9:9.
b) Jesús recorre la alfombra real. Desde que sale de la casa de Lázaro en Betania, comienza a recorrer el camino tapizado de palmas, ramas y mantos que la multitud coloca para dar la bienvenida al Ungido. Es la forma en que los miles de peregrinos demuestran su alegre sumisión al Rey de Israel.
c) Jesús recibe la aclamación del pueblo. Es una fiesta de recepción llena de alborozo, colorido, cantos y saludos al tan esperado libertador. Cerca de tres mil voces se unen en coro para glorificar al Señor por restaurar el reino de David. Jesús ya no pide discreción, ahora alienta a la multitud para anunciarse en Jerusalén.

2.  LA LIMPIEZA DE SU PALACIO 15 - 18
a) El celo por su casa. Jesús comienza y termina su ministerio terrenal con la purificación de su casa (Cf. Jn. 2:13-17). No hay cosa más abominable para Jesús que en la propia casa de su Padre se albergue la hipocresía, el robo y un ceremonialismo muerto. Su corazón no pudo tolerar tanta irreverencia y abuso del santuario.
b) El celo por su misión. La mercadería se había realizado en el atrio de los gentiles, el lugar designado para que Israel proclamara el evangelio al mundo. El culto, las Sagradas Escrituras, los sacrificios, las promesas del Mesías, habían perdido el sentido de la misión para lo cual fueron dados por Dios (Is. 56:7).
c) El celo por la adoración. La experiencia más maravillosa que Dios quiere para las naciones es la experiencia de la adoración. Nuestra meta no es la gran comisión, ni la salvación de los pecadores, sino el gozo de las naciones al adorar a Dios (Sal. 67:3-5). La religiosidad vacía de los judíos estaba clausurando el acceso de los pueblos al gozo de la adoración a Dios.

3.  LA ADVERTENCIA A LA IGLESIA. 11 – 14 y 19 - 26
a) La tragedia de la higuera. Esta higuera estaba fuera de tiempo. No era época ni de higos ni de hojas. Pero allí estaba, muy frondosa, anunciando que había higos. Pero lo trágico es que era estéril. No tenía fruto. El Señor Jesús tenía hambre, pero quedó desilusionado con esta higuera estéril. La maldijo.
b) El símbolo de la nación. La ocasión nos enseña claramente que Jesús está mostrando un símbolo de la nación de Israel; pero como la Escritura es permanente, hoy constituye una advertencia a su iglesia. Recordemos que fuimos creados para glorificar a Dios, y Dios es glorificado cuando producimos fruto (Mc. 12:1-12; Lc.13:6-9).
c) El anuncio del juicio. La maldición y la destrucción de la higuera es una advertencia para el pueblo de Dios. Toda comunidad de creyentes en Cristo que no se arrepienta de su esterilidad y no vuelva a su primer amor está expuesta a la destrucción. Jesús bendice y prospera a su pueblo que le sirve de corazón, pero se llena de ira ante la apostasía.

4.  LA REVELACIÓN DE SU AUTORIDAD. 27 – 33
a) Los rebeldes tienen una objeción. Naturalmente, como Cristo había pisado los intereses de los principales sacerdotes, hubo una reacción violenta: ¡Qué facultad tenía Jesús para intervenir en el templo! Jesús no era ningún Rabí reconocido, no pertenecía al Sanedrín, ni formaba parte de alguna respetable secta de los judíos.
b) Jesús desenmascara la impostura. Jesús usa la mejor manera de exhibir la falsedad de los sacerdotes al pretender dirigir la vida espiritual de la nación. Pregunta sobre el bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Como autoridad espiritual los sacerdotes tenían la obligación de discernirlo. Pero su impostura queda descubierta. No sabían.
c) Jesús deja clara su autoridad. Jesús no necesitó contestar la pregunta de los sacerdotes. Aceptar al bautista era aceptar al Ungido anunciado por él; rechazarlo, era rechazar la voz de Dios. La incapacidad de los líderes para discernir el camino de Dios afirma la autoridad, autenticidad y superioridad de Jesús. El Señor del templo ha llegado para gobernar a su pueblo.
Pbro. Moisés Brito V.

lunes, 1 de abril de 2013

ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN



Mateo 21:5
«Digan a la hija de Sión: “Mira, tu rey viene hacia ti, humilde y montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga.” »

Jesús se nos presenta como el Rey que nuestra alma necesita para que lo obedezcamos y lo adoremos.

1.  JESÚS PROCLAMA SER REY.
   Hasta este momento Jesús había mantenido en segundo plano su identidad como Rey. Había predicado la llegada del reino, había enseñado sobre la naturaleza del reino de Dios; y había realizado milagros que ilustraban la vida del reino de Dios; pero había mantenido en secreto su identidad como el Rey de Israel.
  Ahora proclama abiertamente su derecho a ocupar el trono de David; envía sus heraldos para anunciar su llegada y traerle su cabalgadura real. Gobernantes y legisladores de Israel usaban un burrito como su transporte. Miles de personas le aplauden alrededor y le rinden  tributo como Rey. Jesús asciende a la ciudad real, Su capital y Su palacio.
   Pero Él es un Rey espiritual, por ello no va al palacio político, sino al palacio espiritual, al templo. No es el político y militar que los judíos esperaban, pero es el Rey de reyes ante quien todos los gobernantes se deben postrar.

2.  JESÚS ES UN REY HUMILDE.
   De haberlo querido Cristo se habría coronado con oro y piedras preciosas, habría evitado la cruz y se habría levantado con poder y gloria sobre todos los ejércitos del mundo. Pero esa no fue la elección de Jesús, Él prefirió la humildad como un estilo de vida y de gobernar.
   Es un error querer agradar a Dios con grandes y lujosas catedrales, con trajes costosos e impresionantes, anhelar los asientos con los ricos y famosos, competir con el mundo con espectáculos pomposos y lujosos. Jesús prefirió el pesebre, la aldea y el burrito. Su actitud es de humildad, su estilo es la sencillez.
   Guárdate de la ansiedad por la gloria de este mundo, de la ambición por los lujos y la ostentación, de la admiración por el glamour y del amor por el mundo y las cosas de este mundo.

3.  JESÚS ES UN REY ESPIRITUAL.
   Jesús dijo que su reino no era de este mundo, que era un reino de los cielos, que su voluntad provenía de Dios, y que sus súbditos eran gente de fe. Su poder no era militar, sino espiritual, su gobierno no era político, sino espiritual.
   En la actualidad quedan pocos gobiernos monárquicos para entender el concepto de un rey y de un reino. Entre ellos están el Reino Unido, España, Mónaco, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. En ellos veremos poderío, riqueza y un complicado sistema de servicio y seguridad. Pero en el reino de Cristo no hay nada de eso. Sus ministros son gente del vulgo. Su sala de juntas es un huerto. Sus leyes no están en un libro, sino en los labios del Salvador. Su pueblo no es sometido por fuerzas de seguridad, sino por la feliz seducción de su Santo Espíritu.
   No es la riqueza material la gloria de su reino. El Rey se viste con una túnica donada, montado en un burrito prestado, y en vez de una alfombra persa, camina sobre palmas, ramas y túnicas. Pronto sería coronado con espinas, sería dejado desnudo y lo llevarían atado de manos a la cruz. ¡Y sin embargo Él era –y es-- el Rey del universo!

4.  TU RESPUESTA A SU LLEGADA.
   Cuando Jesús entra triunfalmente a Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Entre la multitud y la ciudad había todo tipo de personas; gente que sinceramente creía en él, gente que comenzaba a simpatizar con su enseñanza, gente emocionada con falsas expectativas, y gente que, definitivamente, lo odiaba. Entre sus discípulos y los fariseos, había una multitud emocionada pero confundida.
   Hoy sucede lo mismo. Las iglesias cristianas se llenan en este día. La gente se ausenta de las iglesias todo el año, pero en éstas fechas tienen una iglesia de su predilección. Buscan un templo bonito, quieren escuchar un impresionante coro, escogen un predicador elocuente, pero muchas veces quedan decepcionados del pobre espectáculo causado por el Maestro.

   Lo mejor es recibir cuanto antes a Jesús como nuestro bendito Rey, porque cuando Cristo aparezca verdaderamente con pompa y esplendor, será demasiado tarde para los curiosos y simpatizantes.
Pastor Moisés Brito V. 

martes, 19 de marzo de 2013

LA GUERRA SANTA EN LA BIBLIA




Deuteronomio 7: 1 – 6  
El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que vas a poseer, y expulsará de tu presencia a siete naciones más grandes y fuertes que tú, que son los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 2Cuando el Señor tu Dios te las haya entregado y tú las hayas derrotado, deberás destruirlas por completo. No harás ningún pacto con ellas, ni les tendrás compasión. 3 Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos, 4 porque ellas los apartarán del Señor y los harán servir a otros dioses. Entonces la ira del Señor se encenderá contra ti y te destruirá de inmediato.
5 »Esto es lo que harás con esas naciones: Destruirás sus altares, romperás sus piedras sagradas, derribarás sus imágenes de la diosa Aserá y les prenderás fuego a sus ídolos. 6 Porque para el Señor tu Dios tú eres un pueblo santo; él te eligió para que fueras su posesión exclusiva entre todos los pueblos de la tierra.


1.   LA TESIS DEL MUNDO.
En la guerra santa del Antiguo Testamento, Dios al enviar a Israel a exterminar a un pueblo, mata gente inocente.

2.   LA REVELACIÓN DE DIOS.
En la guerra santa del Antiguo Testamento,  y los castigos mortales del Nuevo Testamento Dios revela su justicia aplicando el merecido castigo al pecado.

3.   LA EVIDENCIA DE LA BIBLIA.

      a)  El día que perdimos la inocencia.
 “Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ´No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán” Gn. 3:3.
Dios advirtió a Adán que el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día moriría. Con la mordida de aquel fruto, Adán, y toda su descendencia, si no fuera por la misericordia de Dios, debía haber muerto instantáneamente. Allí, la humanidad, representada en Adán, perdió su inocencia.

      b)  La maldad contaminó a todo ser humano.
“Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal.” Gn. 6:5.
La maldad que nació en el corazón de Adán se extendió a toda su raza. Cada ser humano descendiente de Adán quedó invadido por el pecado: su mente, sus afectos y su voluntad. Sólo la gracia y la justicia de Dios frenan significativamente ese mal. El diluvio universal no mató a gente inocente, era gente culpable.

     c)   No por ser santo fue escogido Israel.
“Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos, porque ellas los apartarán del SEÑOR y los harán servir a otros dioses. Entonces la ira del SEÑOR se encenderá sobre ti y te destruirá de inmediato” 

Dt. 7:3-4.
Israel fue escogido para ser santo, pero no por ser santo. Su concupiscencia le haría caer bajo la ira de Dios en caso de relacionarse con los cananeos paganos. Dios quería preservarlo para tener una nación donde se conservara el mensaje de salvación, un escenario donde naciera y creciera el Mesías.

     d) No por su justicia fue salvo Israel.
“Cuando el SEÑOR tu Dios los haya arrojado lejos de ti, no vayas a pensar: ´El SEÑOR me ha traído hasta aquí por mi propia justicia, para tomar posesión de esta tierra.´ ¡No! El SEÑOR expulsará a esas naciones por la maldad que las caracteriza” Dt. 9:4.
En los versículos 4 al 6, tres veces le dice Moisés a Israel que recuerde que no es por su justicia que Dios los introduce a la tierra prometida. Es sólo por la misericordia de Dios. Esta es la gran confusión que entorpece al hombre de todos los tiempos: creer que puede ser salvo por la justicia propia al obedecer la ley de Dios.

     e) La ira más violenta se revela en el calvario.
“El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia” Sal. 85:10.
Si tenemos la impresión de que el Dios del Antiguo Testamento no es el mismo que se revela en el Nuevo Testamento, debemos tener en cuenta que el acto más cruel de la ira de Dios se encuentra en el N. T., en Getsemaní, el Gábata y el Gólgota. Ese es el acto de venganza más brutal y aterrador. Sólo es comprensible cuando consideramos el hecho de que Cristo voluntariamente dio su vida.

4.   LA ACTITUD DEL PUEBLO DE DIOS.

     a) Las tragedias fatales nos recuerdan la justicia de Dios.
“¿O piensan que aquellos dieciocho que fueron aplastados por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” Lc. 13:4,5.
Las muertes trágicas nos incitan a juzgar a las víctimas como peores personas que nosotros. Pero el Espíritu Santo nos guía a tomar lecciones espirituales para vivir con mayor cuidado. En vez de preguntarnos ¿por qué les habrá caído la torre a aquellos dieciocho hombres?, deberíamos preguntar ¿por qué la torre no me cayó a mí?

     b) Debemos adorar a Dios con alegría y temor.
“Sirvan al SEÑOR con temor; con temblor ríndanle alabanza” Sal. 2:11.
La gracia de Dios con la cual nos trata continuamente debe llenarnos de alegría, pero la justicia de Dios debe despertar en nosotros una actitud de reverencia y temor. Dios, de manera libre dispensa a los hombres su gracia y misericordia, pero cuando los hombres sobrepasan los límites de su paciencia, aplicará su justicia.
Imitar a Cristo en su relación con el Padre nos llevará a ser más santos.

Pbro. Moisés Brito Valeras