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miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA FUERZA DE LOS JÓVENES

“He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde.” Ez 3:8-9
    Los jóvenes han sido puestos por Dios para ser la fuerza de la sociedad. Fuerza física, fuerza moral, fuerza espiritual, fuerza intelectual, fuerza de ánimo, fuerza de unidad. Las manifestaciones contra lo sucedido en Iguala son un ejemplo de esa fuerza, solo que las masas en ocasiones pierden el control de sus acciones. Pero allí está la fuerza para realizar cambios. Las manifestaciones y pronunciamientos de los estudiantes del IPN son otro ejemplo de unidad y fuerza moral. Los objetivos comunes unen fuerzas contra realidades que reprueban.
    El profeta Ezequiel fue equipado con la verdad para tener poder ante la oposición de los rebeldes israelitas cautivos de Tel-abib. Tenía que comer la Palabra de Dios para hablar y responder ante la casa de Israel. Contaba con la presencia y la autoridad de Dios para realizar su ministerio. Esa es el arma poderosa en las manos de la juventud para vencer en todos los frentes que luche.
La impotencia de los jóvenes los lleva a resistirse a la autoridad con ataques verbales, insultos, difamaciones y acusaciones mal informadas. Pero una lucha legítima siempre se gana con la verdad. Con una mente informada, un corazón íntegro, y un trato con respeto a la investidura de las autoridades, lo merezcan o no. Podemos ver una muestra de esa actitud en la lucha que libró y ganó Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Nelson Mandela. Ese ejemplo nos dejó el apóstol Pablo ante las autoridades imperiales que lo juzgaban. Ese ejemplo nos dejó el rey David en su lucha contra el rey Saúl. Jesucristo mismo tuvo esa actitud al enfrentar su juicio injusto ante Herodes y Pilato.
    Los jóvenes están para irrumpir en lo obsoleto, para renovar lo caduco, para destruir lo que ya es inútil, para establecer nuevas formas, introducir nuevas perspectivas, pero siempre con el poder de la verdad, la fuerza de las palabras, y la habilidad de la inteligencia y la razón. Nunca con una fuerza destructora que genere más violencia.
    El profeta Ezequiel representaba la presencia de Dios ante los cautivos. Cuando Dios hablaba, él hablaba. Cuando Dios callaba, él callaba. No es fácil hacer eso. Se necesita un corazón rendido a Dios y conocer sus propósitos para actuar de acuerdo a su voluntad. Pero cuando estamos en comunión con Él, tendremos el valor para hablar la verdad ante quien sea, tengan la respuesta que tengan. Oigan o no oigan. Recordemos que el Señor Jesucristo era un joven de treinta años que se enfrentó a todo el aparato gubernamental y religioso de su nación sin amedrentarse. La verdad de Dios fue la fuerza que le hizo invencible. Solo la muerte lo hizo callar. Pero su estela de enseñanzas no permitió que su revolución espiritual acabara en su tumba. Su obra permanece por los siglos y sigue generando cambios en la sociedad.

    Dios quiera que los jóvenes de nuestra iglesia sean un agente de cambio de acuerdo a la voluntad revelada y providente de Dios. Que Dios siga levantando líderes que se interesen en la vida de nuestros jóvenes. 
                                                             Pastor Moisés Brito Valeras

martes, 19 de marzo de 2013

LA GUERRA SANTA EN LA BIBLIA




Deuteronomio 7: 1 – 6  
El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que vas a poseer, y expulsará de tu presencia a siete naciones más grandes y fuertes que tú, que son los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 2Cuando el Señor tu Dios te las haya entregado y tú las hayas derrotado, deberás destruirlas por completo. No harás ningún pacto con ellas, ni les tendrás compasión. 3 Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos, 4 porque ellas los apartarán del Señor y los harán servir a otros dioses. Entonces la ira del Señor se encenderá contra ti y te destruirá de inmediato.
5 »Esto es lo que harás con esas naciones: Destruirás sus altares, romperás sus piedras sagradas, derribarás sus imágenes de la diosa Aserá y les prenderás fuego a sus ídolos. 6 Porque para el Señor tu Dios tú eres un pueblo santo; él te eligió para que fueras su posesión exclusiva entre todos los pueblos de la tierra.


1.   LA TESIS DEL MUNDO.
En la guerra santa del Antiguo Testamento, Dios al enviar a Israel a exterminar a un pueblo, mata gente inocente.

2.   LA REVELACIÓN DE DIOS.
En la guerra santa del Antiguo Testamento,  y los castigos mortales del Nuevo Testamento Dios revela su justicia aplicando el merecido castigo al pecado.

3.   LA EVIDENCIA DE LA BIBLIA.

      a)  El día que perdimos la inocencia.
 “Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ´No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán” Gn. 3:3.
Dios advirtió a Adán que el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día moriría. Con la mordida de aquel fruto, Adán, y toda su descendencia, si no fuera por la misericordia de Dios, debía haber muerto instantáneamente. Allí, la humanidad, representada en Adán, perdió su inocencia.

      b)  La maldad contaminó a todo ser humano.
“Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal.” Gn. 6:5.
La maldad que nació en el corazón de Adán se extendió a toda su raza. Cada ser humano descendiente de Adán quedó invadido por el pecado: su mente, sus afectos y su voluntad. Sólo la gracia y la justicia de Dios frenan significativamente ese mal. El diluvio universal no mató a gente inocente, era gente culpable.

     c)   No por ser santo fue escogido Israel.
“Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos, porque ellas los apartarán del SEÑOR y los harán servir a otros dioses. Entonces la ira del SEÑOR se encenderá sobre ti y te destruirá de inmediato” 

Dt. 7:3-4.
Israel fue escogido para ser santo, pero no por ser santo. Su concupiscencia le haría caer bajo la ira de Dios en caso de relacionarse con los cananeos paganos. Dios quería preservarlo para tener una nación donde se conservara el mensaje de salvación, un escenario donde naciera y creciera el Mesías.

     d) No por su justicia fue salvo Israel.
“Cuando el SEÑOR tu Dios los haya arrojado lejos de ti, no vayas a pensar: ´El SEÑOR me ha traído hasta aquí por mi propia justicia, para tomar posesión de esta tierra.´ ¡No! El SEÑOR expulsará a esas naciones por la maldad que las caracteriza” Dt. 9:4.
En los versículos 4 al 6, tres veces le dice Moisés a Israel que recuerde que no es por su justicia que Dios los introduce a la tierra prometida. Es sólo por la misericordia de Dios. Esta es la gran confusión que entorpece al hombre de todos los tiempos: creer que puede ser salvo por la justicia propia al obedecer la ley de Dios.

     e) La ira más violenta se revela en el calvario.
“El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia” Sal. 85:10.
Si tenemos la impresión de que el Dios del Antiguo Testamento no es el mismo que se revela en el Nuevo Testamento, debemos tener en cuenta que el acto más cruel de la ira de Dios se encuentra en el N. T., en Getsemaní, el Gábata y el Gólgota. Ese es el acto de venganza más brutal y aterrador. Sólo es comprensible cuando consideramos el hecho de que Cristo voluntariamente dio su vida.

4.   LA ACTITUD DEL PUEBLO DE DIOS.

     a) Las tragedias fatales nos recuerdan la justicia de Dios.
“¿O piensan que aquellos dieciocho que fueron aplastados por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” Lc. 13:4,5.
Las muertes trágicas nos incitan a juzgar a las víctimas como peores personas que nosotros. Pero el Espíritu Santo nos guía a tomar lecciones espirituales para vivir con mayor cuidado. En vez de preguntarnos ¿por qué les habrá caído la torre a aquellos dieciocho hombres?, deberíamos preguntar ¿por qué la torre no me cayó a mí?

     b) Debemos adorar a Dios con alegría y temor.
“Sirvan al SEÑOR con temor; con temblor ríndanle alabanza” Sal. 2:11.
La gracia de Dios con la cual nos trata continuamente debe llenarnos de alegría, pero la justicia de Dios debe despertar en nosotros una actitud de reverencia y temor. Dios, de manera libre dispensa a los hombres su gracia y misericordia, pero cuando los hombres sobrepasan los límites de su paciencia, aplicará su justicia.
Imitar a Cristo en su relación con el Padre nos llevará a ser más santos.

Pbro. Moisés Brito Valeras