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lunes, 15 de febrero de 2016

VISIÓN DE LA IGLESIA JESÚS VID VERDADERA


JUAN 15:1-17
1»Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. 3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.4 Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. 6 El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. 7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. 8 Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.
9 »Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 10 Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. 12 Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.15 Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. 16 No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 17 Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros.
Yo soy la vid verdadera
Nuestro objetivo es alcanzar el gozo pleno por ser la gente que Dios quiso que fuéramos en Cristo.

DIOS EN FAMILIA

La visión que Cristo tenía de su iglesia es que sus discípulos se amaran como una familia. Que llegaran al punto de dar su vida por sus hermanos. Que se amaran entre sí como él y el Padre se aman. Hay una lógica conexión entre el Padre, el Hijo, el creyente y el prójimo.
La iglesia se trata de Dios. Lo que nos hace ser iglesia es la presencia de Dios. Iglesia significa llamados por Dios, para salir del mundo y entrar en comunión con él.  El proceso para llegar a ser familia de Dios es creer en Cristo, adherirnos a su pueblo, y cultivar una vida santa en la que Dios sea glorificado.

NOSOTROS EN CRISTO

El fundamento de nuestra unidad no está en un edificio, una organización, o una doctrina. Está en Cristo.
La visión que Cristo tuvo de su iglesia es que fuera un organismo unido naturalmente a su persona y que así permaneciera siempre. El sueño es que toda rama esté firmemente adherida a Cristo, produciendo frutos y creciendo en productividad.
El labrador es el Padre, quien por medio de su Espíritu nos injerta al tronco que es Jesús. Pero, permanecer en comunión demanda de nosotros un esfuerzo constante para que la savia del Espíritu fluya con poder.

CRISTO EN NOSOTROS

Toda nuestra esperanza se resume en un ideal: Cristo en nosotros. Esa es la esperanza de gloria (Col. 1:27).
Ser iglesia verdadera consiste en una cosa: el poder de Cristo obrando en nosotros (Col. 1:29). Separados de mí, nada pueden hacer, dijo Jesús.
Recordemos que el discurso pronunciado por Cristo es uno de despedida, pronto se irá con el Padre, pero la parábola afirma que los discípulos no serán abandonados. En realidad, ahora estarán más unidos con Cristo que cuando caminó con ellos por la tierra.
Él nos relaciona con Dios, él nos vitaliza, él nos une, él nos da poder para crecer y llegar a ser más de lo que podemos ser sin él.

PONER EL AMOR EN ACCIÓN

El amor es un tema importante en la noche del aposento alto. Vea 13:1, 34,35; 14:15,23; 15:9, 12,13. Dios en esencia es amor y comunica amor a sus criaturas. Cristo está por realizar el mayor acto de amor que un pecador puede concebir, y por personas que merecen lo contrario.
Nuestra visión como iglesia es compartir el amor de Dios por medio de una vida de servicio. A los paganos les parece muy poca la vida para acumular, acumular y acumular. Jesús nos ensenó una vida de desprendimiento. Recibimos de Dios para dar. Damos tiempo, damos la Palabra de Dios, damos atención, damos ayuda física y material, damos apoyo espiritual.
Nuestro amor no es abstracto, más bien, es práctico, realista, es acción.

SER COMO JESÚS

Nuestra visión es llegar a ser como Jesús que hizo y dijo lo que el Padre le instruyó. El marco de la parábola son los actos y las palabras de Jesús en los capítulos 13-19, de lavar los pies a lavar los pecados, actos que ilustran su actitud de servir antes que ser servido.
La iglesia “Jesús Vid Verdadera” no se compara con lo que fue antes, ni con lo que son otras iglesias, se compara con Jesús. El que lavó los pies de sus discípulos, incluyendo a su traidor, y compartió palabras de consuelo a sus descorazonados seguidores.
Por regla general, servimos y hablamos, hablamos y servimos. Es el modo en que Jesús nos ensenó a vivir y comunicar el evangelio.

GUARDAR EL TESORO DE CRISTO

Nuestra visión es ser una fiel depositaria del mayor tesoro de Cristo, su evangelio. No se necesita el evangelio para conocer a Dios, pero sí se necesita el evangelio para ser salvo. La religión es un fenómeno universal, pero la salvación no es posible sin el evangelio.
En la iglesia puede variar la forma del culto, el estilo de la música o la forma de orar. Pero no puede variar ni en el mínimo detalle el evangelio.
Nuestra visión es que cada creyente comprenda el evangelio, que cada creyente viva conforme al evangelio y que cada creyente comparta el evangelio.
Es un tesoro porque contiene el mayor poder del universo para cambiar la vida de una persona y cambiar el destino del mundo.

Pbro. Moisés Brito Valeras

09 de agosto de 2015

viernes, 8 de mayo de 2015

DONES PARA BENDECIR A LOS DEMÁS

DONES PARA COMPARTIR
Pbro. Moisés Brito Valeras

1ª corintios 12:7
 "A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás."

Los dones espirituales son manifestaciones de la gracia de Dios para edificar a la iglesia y transformar el mundo.

1.      DIOS DECIDE QUIEN REALIZA CADA TRABAJO.

Uno puede quedarse maravillado con la diversidad de ministerios, dones, habilidades y logros que cada persona tiene al trabajar en la iglesia y en el mundo.
El “pero” que Pablo usa para conectar el verso 6 con el 7 ilustra el error que cometían los corintios al aplaudir unos dones y menospreciar a otros. El apóstol aclara que toda labor que se realiza en el reino de Dios es decidido por Dios.
Hay una sola fuente de todos los dones: el Trino Dios; y un solo objetivo: el bien de la comunidad.

2.    DIOS OTORGA A CADA CREYENTE SUS DONES

Usted se equivoca al pensar que los dones solo pertenecen a los pastores, misioneros, líderes, oficiales o maestros de la iglesia.
La Biblia dice: “a cada uno le fue dada la manifestación del Espíritu.” De modo que no existe el elitismo en el pueblo de Dios. Dios nos deja claro que todo hijo suyo posee un número de dones para desarrollarlos en bien del cuerpo de Cristo y el establecimiento de su reino en la tierra.
Es deber de cada creyente descubrir sus dones y usarlos conforme a los principios del Señor para hacer bien al prójimo.

3.   DIOS ACTÚA A TRAVÉS DE CADA DON

Cada don es “una manifestación especial del Espíritu.” Si uno ayuda, administra, dirige, canta, cocina, limpia, enseña o consuela a otra persona, si lo hace por la fe en Cristo y para la gloria de Dios, entonces está poniendo en evidencia la acción del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo no se manifiesta por ruido, llanto, temblores, gritos o caídas al suelo. Se manifiesta por el ejercicio de tareas que hacen bien a los demás. El servicio a los demás en el nombre de Cristo, reconocido o no, ya es razón suficiente para hacernos felices porque es la obra de Dios por medio de nosotros.

4.   DIOS ACTIVA NUESTRO PODER PARA SERVIR

El propósito de los dones recibidos no es engreimiento, la rivalidad, el enriquecimiento, ni la tiranía. El propósito es “el bien de los demás.”
Toda la carta a los Corintios, y especialmente los capítulos 12-14, nos indica el enfoque de buscar la utilidad de los dones para edificar la iglesia y para transformar el mundo. El apóstol cuestiona: ¿De qué sirve hablar en lenguas si la iglesia no es edificada? ¿De qué sirve cantar hermoso si la iglesia no es edificada? ¿De qué sirve orar de manera impresionante si la iglesia no es edificada?
Aunque el poseedor del don pueda ser beneficiado con su don, ese no es el propósito principal del don. Es para hacer bien a otros.

5.   DIOS UNE A SU IGLESIA POR MEDIO DE SUS DONES.

Los dones están distribuidos, organizados y relacionados en un cuerpo. Dios es soberano, sabio, justo, y bondadoso, al organizarnos a todos los creyentes en un cuerpo con diversidad e interdependencia.
La idea del cuerpo excluye las ideas de orgullo, egoísmo, o pereza. “Los demás” son parte de mí mismo, ya sea como familia humana o familia espiritual. Los lazos que me unen a la comunidad son puestos, sostenidos y habilitados por Dios para hacer de este mundo un mundo para Dios.
Saber que por la gracia de Dios soy dependiente – y eficiente – para los demás, me libra de la ansiedad y la frustración.

6.   DIOS LLAMA AL CREYENTE A SERVIR AL MUNDO

El don en sí mismo constituye un llamado, una vocación, un mandato de Dios para servir no solo en el ámbito de la iglesia, sino en este mundo que ha sido reclamado por Dios como su propiedad, donde debe hacerse visible su reino por medio de la influencia de cada creyente.
El Señor Jesús enseñó a multitudes, alimentó a miles, sanó a incontables enfermos y buscó la reforma del templo y la religión.

Los creyentes deben ser luz del reino de Dios en el arte, en la ciencia, en la política y en todo quehacer humano.

domingo, 23 de junio de 2013

LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Efesios 1:1-14 
1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: 2 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.

Bendiciones espirituales en Cristo
3 Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. 4 Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor 5 nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, 6 para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. 7 En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia 8 que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. 9 Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, 10 para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.
11 En Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, 12 a fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria. 13 En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. 14 Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

 1. ALABAR A DIOS POR LA GRACIA DEL PADRE

Nerviosa, pero emocionada, Laura se subió a un kayak individual para experimentar una travesía de rafting en unos rápidos. Después de sujetarse a la canoa, se lanzó por el río con un grupo de guías y de aficionados a los kayaks. Laura se puso aún más nerviosa cuando vio las cascadas que estaban por delante. De pronto, cuando el kayak voló por el aire y cayó en los rápidos, se volcó. Le habían enseñado cómo salir rápidamente en caso de que eso sucediera. Sin embargo, al estar de cabeza, bajo el agua, se desorientó y no pudo encontrar la barra para liberarse. Justo cuando se preparaba para encontrarse con Dios, la ayuda llegó y se salvó. Su corazón se desbordaba de gratitud por haber sido salvada de una muerte segura.
    El apóstol Pablo comienza su carta a los Efesios abriendo su corazón en una profusa exclamación de alabanza por la salvación que el Padre Eterno en su gracia le concedió. Su canción de gratitud nos enseña la misión más alta de la iglesia, que es la de alabar al Trino Dios por la obra maravillosa de redención. No hay tarea más gratificante y gozosa que alabar a nuestro Padre, porque Él: nos bendijo sin medida, nos escogió de entre los perdidos, nos predestinó para su gloria, nos hizo aceptables a Él, derrochó su sabiduría en nosotros, nos reveló su voluntad y nos hizo coherederos con su Hijo Jesucristo. Hay sobrada razón para que la iglesia estalle en gloriosa alabanza a Dios.

2. ALABAR A DIOS POR LA REDENCIÓN DEL HIJO

En 2014 se proyectará la película “Los 33”, que protagonizarán Jennifer López y Antonio Banderas. El filme narra  la historia de los 33 mineros rescatados en 2010 de la mina “San José”, en Copiapó, Chile. ¿Por qué esta historia ha captado la atención de la humanidad? Porque en muchos sentidos representó un desafío inmenso para el rescate. En primer lugar fue un milagro de vida, y después, una proeza humana. La estrella del salvamento se llama “La cápsula Fénix”,  un artefacto de 4 mts. De altura por 53 cms. de diámetro; con ella se rescatarían a 33 mineros, que estaban a 700 mts. bajo tierra, que llevaban 70 días sepultados y para ello había que atravesar varias capas de dura roca. En ella, uno a uno, los mineros fueron trasladados de la muerte a la vida.
    Pablo alaba al Señor porque en Cristo hemos sido trasladados de la prisión del pecado al reino de Dios; es en Cristo en quien fuimos bendecidos espiritualmente, escogidos para ser salvos, predestinados a la vida eterna, aceptados por Dios, perdonados para siempre, recibimos la herencia eterna, tenemos esperanza y fuimos sellados por el Espíritu Santo. 

3. ALABAR A DIOS POR EL SELLO DEL ESPÍRITU

¿Qué garantía tenemos de que nuestra elección sea permanente,  que la adopción será incondicional, que el perdón de nuestros pecados  es definitivo y que nuestra herencia está segura?
    Dios nos puso su marca con el sello que es su Espíritu Santo. En una sociedad de mentiras, infidelidad, traiciones y deslealtad, el corazón humano necesita un fundamento que le brinde seguridad.
    Jean – Paul Sartre, filósofo ateo del siglo pasado, murió desesperado buscando seguridad. En 1980, débil por la enfermedad escribió: “Vuelve a tentarme la desesperación: la idea de que esto no acabará nunca, que no hay meta, que sólo hay pequeños fines particulares por los que nos batimos. Se hacen pequeñas revoluciones, pero no hay un final humano, no hay algo que interese al hombre, sólo hay desórdenes... Ese pensamiento llega a tentarte sin cesar, sobre todo cuando uno es viejo… En cualquier caso, el mundo parece feo, malo y sin esperanza. Eso es la desesperación tranquila de un viejo que morirá dentro de él. Pero justamente resisto y sé que moriré en la esperanza, pero esta esperanza necesita un fundamento.”
La base de seguridad que Dios nos dio para garantizar la completa posesión de nuestra herencia, es la presencia permanente de su Santo Espíritu con nosotros. El Espíritu es el custodio fiel del pueblo que Dios adquirió con la sangre de su Hijo. 

 4. ALABAR A DIOS POR TODA SU BENDICIÓN 

Vivimos en una nueva realidad, en un estado de nueva vida. Pablo desarrollará en seis capítulos lo que aquí toca ligeramente. Tenemos la vida eterna, somos hijos adoptivos de Dios, hemos resucitado con Cristo, estamos sentados en lugares celestiales con Cristo, somos un pueblo amado por Dios y somos la comunidad con puertas abiertas para que el mundo se una a la sinfonía de la adoración a Dios.
    El evangelismo, la labor social, la mayordomía, la educación cristiana, son medios para alcanzar el verdadero fin. Son estrategias locales y temporales para alcanzar la verdadera misión de la iglesia: que “seamos para alabanza de su gloria”.

    Decida hoy: “Señor, quiero vivir una vida para la alabanza de tu gloria; que cuando vaya a trabajar, mi trabajo sea una manera de alabar tu gloria; quiero que mi matrimonio sea para alabanza de tu gloria; quiero que mi carrera, la desarrolle de tal modo que sea para alabanza de tu gloria; quiero que todos mis logros sean para alabanza de tu gloriosa gracia. En Cristo, Amen”
                                              Pastor Moisés Brito Valeras